💜SOLiTA NO ESTÁS SOLA💜

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No me concentro en mi trabajo, mi mente está dividida. Despierto y lo primero que hago es sentirme mal por no haber amanecido en la playa. Una parte de mí está preocupada por crecer y mejorar SOLiTA pero por otro lado está mi anhelo de lograr eso viviendo cerca del mar.

Mi cabeza vuela, investiga, averigua, hace estudios y analiza las posibilidades. No, no hay forma de que yo viva cerca del mar y que al mismo tiempo pueda crecer mi marca de la forma en la que quiero. Al menos no ahorita, al menos no en México.

Inicié mi proyecto y mi taller de serigrafía en casa de mi mamá en Mérida, Yucatán. A 30 minutos de Progreso y Chelem. A 45 minutos de Telchac. A una hora de Celestún y de Sisal. Mi pequeño emprendimiento pronto empezó a crecer y tomé la decisión de mudarme a Ciudad de México. Pero Ciudad de México no fue inicialmente mi única opción. Analicé otros estados, investigué qué le ofrecía Morelos, Puebla, Hidalgo (y otros lugares a la redonda) a mi negocio y siempre terminaba ganando este monstruo gigantesco por la inmensa cantidad de proveedores, el acceso a una variedad muy grande de materiales y maquinaria, la rapidez y calidad de los servicios de revelado e impresión, en fin, eso no lo ofrece ninguna otra ciudad en México y por eso aquí sigo.

Llevo cuatro años viviendo aquí y me encanta, si no fuera porque aprendí a desenvolverme, a trabajar, a interactuar y a conocer cómo funciona el medio de la serigrafía en este lugar, SOLiTA no hubiera podido crecer de la forma en la que lo ha hecho, pero no dejo de extrañar y de pensar en el mar. 

Investigué a Acapulco, pensando en que podría ir y venir, tener una vida híbrida entre Acapulco y Ciudad de México pero pronto entendí que solo estaba soñando, algo así sería muy difícil, muy caro y nada objetivo. Investigué Oaxaca, Veracruz. Lo mismo. Y la realidad es que hay muchos otros factores mayores. 

Estoy tan desmotivada. Desde que inició el 2023 ha sido así. Solo puedo resistir, aguantar, esperar. ¿Me estoy olvidando de mi verdadero sueño? ¿Cuál es mi verdadero sueño? ¿Qué hago para apaciguar este sentimiento? ¿De qué forma acepto que todavía falta tiempo para que yo pueda mudarme al mar? ¿Debo ignorar todo sentido de amenaza y peligro y solo irme sin pensarlo tanto? ¿Estoy siendo caprichosa?

Veo documentales del océano, de gente que estudia animales marinos, de surfistas, de pescadores y me pregunto ¿qué demonios hago aquí? Yo debería estar ahí. ¿Porqué no me he aventado como me aventé al venir aquí? ¿A qué le tengo miedo? ¿De qué forma puedo llevar SOLiTA a la playa y que siga creciendo? ¿Estoy siendo muy cerrada? ¿Hay otras posibilidades que no estoy viendo? Solo quiero llorar. Ya me puse a llorar. ¿Cómo, cómo me voy al mar?

Fui a desayunar con Sergio a la fondita de la esquina y le conté todo esto que sentí al despertar, me fui dando cuenta que conforme más lo nombraba y lo decía en voz alta iba calmando un poco mi molestia. Muchas veces él me ha dicho “Te prometo que lo vas a lograr, vas a vivir en el mar” pero por alguna razón eso no me ha bastado nunca.

No sé cómo explicarlo, yo sé que mucha gente (así como yo) sueña con tener una casita frente al mar y vivir tranquilamente viendo las olas pasar el resto de su vida. La costa yucateca está siendo colonizada por gringos y canadienses debido a esta razón. Yo siento que mi pulsión es demasiado grande. ¿Vieron Moana? Algo le llamaba a cruzar el arrecife y desde bebecita toda su vida se imaginó cruzando ese arrecife. Bueno, algo así.

Por algo no dejo de pensar en esto, por algo me duele y no lo veo solo como una meta. Va más allá de disfrutar el sol, la arena y acostarse a ver el cielo, va mucho más allá de querer meterse al mar solo cuando hay calor y el agua está calmada y bonita, va más allá. Mi cuerpo se enferma cuando le falta mar, mi mente empieza a perderse, como si en serio tuviera branquias y necesitara del agua salada para poder moverme y funcionar. No quiero que mi retiro sea mudarme al mar, quiero que el mar forme parte de mi vida.

Soñar con el mar es un privilegio, decir las cosas que he escrito aquí son un privilegio. No soy infeliz, no odio mi vida, no me voy a morir, no tengo branquias, mi cuerpo en realidad no necesita de agua salada para mantenerse sano, estoy segura de que sí hay formas de crecer una marca de ropa en un puerto, y que muy probablemente solo estoy siendo ingenua y dejándome influenciar por las redes sociales que cada vez hacen más daño que bien.

Lo único que sí es una realidad es lo que yo siento. Y yo siento que me hace mucha falta ver el mar más seguido, yo siento que lo extraño mucho, yo siento todas estas cosas que dije muy desde mi lugar y mi posición. Quizás en el futuro lea esto y me ría, o me sienta mal por no vivir mi presente y estar imaginando futuros. Pero hoy es algo muy serio para mí, es algo con lo que he luchado todo el tiempo que he vivido lejos del mar y por lo cual me he sentido loca, exagerada, caprichosa. Está bien, ya llegará lo que tenga que llegar en su momento y espero ser más agradecida de lo que soy hoy en día.

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